Resumen
El impacto de las marchas urbanas de reconocimiento
va más allá de los cambios al espacio físico.
Estas marchas crean conciencia, son una herramienta de desarrollo
comunitario y dan origen a la investigación participativa.
La idea central de las marchas de reconocimiento es que las mujeres
son expertas en su propia experiencia. Luego de participar en los
procesos de una marcha de reconocimiento, las mujeres generalmente
tienen más confianza y están más decididas
a generar un cambio. Las mujeres marginadas sienten que pueden sobrepasar
sus propios límites y que tienen un papel que desempeñar
en sus comunidades. La imagen de "la mujer victima" es
confrontada cuando las mujeres tienen un mayor sentido de su poder
colectivo e individual en el espacio social y físico.
Aunque muchas ciudades han promovido las marchas,
su éxito e institucionalización son irónicamente
una amenaza para su efectividad. A nivel institucional, las marchas
de reconocimiento se vuelven neutrales, en cuanto al género,
y las necesidades y preocupaciones de las mujeres quedan relegadas.
Las marchas se "profesionalizan" y son dirigidas por supuestos
expertos en seguridad y planeación en lugar de las mujeres
de una comunidad en particular. Las marchas de reconocimiento se
simplifican y su enfoque se reduce al espacio físico en vez
de cubrir la compleja interacción de actitudes, conductas,
políticas y prácticas en esos espacios.
No podemos permitir que las marchas exploratorias
se conviertan en otro proceso institucional rígido. La seguridad
de las mujeres debe ser representativa de la diversidad de la población
femenina ya que nuestro sentido de la seguridad depende de aspectos
como la raza, la cultura, la capacitación, la sexualidad,
la geografía y la economía. Para capacitarnos de manera
sostenible, debemos revisar continuamente nuestros procesos y ampliar
nuestras fronteras para involucrar grupos más diversos de
mujeres al proceso.
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